miércoles, 5 de junio de 2019

Muse: Part 3: Twisted.




Estoy parado sobre el escenario y entre los flashes y el olor a humo mi voz ya no suena como antes. 
Me he quedado mudo y ciego al mismo tiempo. 
Me he quedado exactamente tan desamparado como el día en que nací.

¿Cómo se llega a la confluencia de todos los recuerdos que se me quedaron por fuera cuando me hice demasiado grande para escucharte? 

No lo sé. 

Supongo que tropezando una y otra vez con cada una de las piedras que cayeron del cielo para quedar atravesadas camino al único arcoiris que queda, de paso, en escala de grises.

Estoy desnudo, a diferencia del resto de los pecados rabiosos que siguen pataleando por una bocanada de aire.

En las mañanas no deseo despertarme y en las noches corro a quedarme dormido. En el intermedio sobrevivo a las culpas que se levantan sobre las nubes, acusándome con dedos gigantes por haberme equivocado sin admitirlo a tiempo. Entonces era esto...

Pagar los los pecados que no cometí y masticar bolsas de azúcar cerradas esperando morirme envenenado con el destilar de la pintura que no termina por mancharme los dientes torcidos. Así es como es la poesía que se fabula drogado con la desesperanza. 

A esto llaman sobriedad, madurez, ausencia. 

Todo lo cambiaría de inmediato por un cigarro a medio fumar  para matar la ansiedad qué cargo y los cojones suficientes para arrojarme por la ventana con los ojos abiertos y así terminar con esta pesadilla qué me tiene retorcido...
No se suponía que terminara así. 
Nada que ver.
Una vida planificada en la ficción se derrumba más lenta y dolorosamente que la vida real. 
Porque de las ficciones quedan vestigios.
En cambio, todos los recuerdos pueden matarse con la dosis suficiente de cocaína.
Siempre le he tenido miedo a las agujas y sin embargo, me he tatuado unas cuentas veces, 
estoy desafiando miedos para sentirme vivo, 
pero desde que pueden meterse en la nariz segundos de lucidez fugaces la cosa huele mejor de lo que pinta...

Estoy sucio, ya no me quiero ni me gusto, me canse de que se me alimentase con mentiras y amores retorcidos, preferiría tener mil curvas en mi cuello de forma amorfa antes de volver a creer en alguien...

El dinero no crece en los árboles.
El único chocolate que tolero lo venden en un Kiosko que no sé si sigue existiendo en mi ciudad natal.
Les debo muchísimo dinero que no sé cómo les pagaré.
También hay canciones que la vida me debe.
A ella se la cobraré con intereses porque fue ella la que se las llevo...

Estoy parado sobre el escenario y entre los flashes y el olor a humo mi voz ya no suena como antes.

Suena muchísimo peor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario